México, Sabor a miedo.
En esta era de globalización, películas violentas, héroes armados y segregación racial hay una cosa que cada vez nos une más a todos los ciudadanos de este mundo. No es Navidad, ni amor al prójimo, ni consumir productos de General Mills. Es el miedo.
Estados Unidos propone una campaña pro-miedo en sus medios de difusión, una horda de noticias y anuncios destinados a hacer funcionar una sociedad consumista, incubadora del régimen del miedo… Yo solía pensar que las religiones se habían hecho para controlar al hombre, pero la religión fue solo la empuñadura de la verdadera naturaleza del control masivo, el miedo.
Hoy el control y poder implícito en este control es más fino, no busca recaudar dinero por medio de limosnas en un templo gótico o barroco por medio de enseñanzas “terroristas” que destinaban un cielo para los sometidos y un infierno para los que no. La trascendentalidad ha pasado a un segundo plano.
Estados Unidos propone una campaña pro-miedo en sus medios de difusión, una horda de noticias y anuncios destinados a hacer funcionar una sociedad consumista, incubadora del régimen del miedo… Yo solía pensar que las religiones se habían hecho para controlar al hombre, pero la religión fue solo la empuñadura de la verdadera naturaleza del control masivo, el miedo.
Hoy el control y poder implícito en este control es más fino, no busca recaudar dinero por medio de limosnas en un templo gótico o barroco por medio de enseñanzas “terroristas” que destinaban un cielo para los sometidos y un infierno para los que no. La trascendentalidad ha pasado a un segundo plano.
Hoy en día la infusión del terror es a causa de cosas mundanas, en definitiva lo que los feligreses piden en vida con el corazón en la mano a un dios que si no se portan bien los destinará a una eternidad en llamas y trincheterazos en el trasero. La infusión del miedo toma dos formas. Una la del consumismo, que apoya la compra de productos abogando al miedo: “compra esta crema para el acné, porque si no, no serás socialmente aceptado”, “Compra estos tenis o perderás las competencias”, “compra este desodorante o nadie se acercara a ti” o incluso miedos estúpidamente infundados funcionan, como :“compra estos jeans o caerás de 20 metros de altura si te deslizas por un cable metálico” y las personas piensan “Guau!! Necesito esos jeans, uno nunca sabe cuando va a ser encarcelado en una prisión checoslovaca donde para salir deba usar los jeans para deslizarme por un cable metálico.
Vivimos en una sociedad que eminentemente conforme tiende a la globalización, tiende a ser una cultura del miedo. No hace mucho tiempo que un programa o un noticiero exclusivamente dedicado al miedo era algo impensable; recuerdo noticieros familiares donde notas alarmantes de asesinatos brutales no eran noticia del día, donde los tratados internacionales figuraban y no la muerte del panadero apuñalado en un barrio de la periferia. El sistema nos da lo que queremos: el ser humano disfruta del miedo como una probabilidad infundada sobre algo a lo que debe estar alerta (lo infundado y probable), por más remoto que esto sea y hace que la sociedad le dé más peso a estos factores "en vogue" que a lo que en este momento en verdad la perjudica, porque hemos aprendido a exaltarnos sin pensar, somos máquinas engullidoras del miedo producido artificialmente por los medios y poco a poco perdemos la capacidad para reconocer nuevas ofensas y reaccionar a ellas, porque somos alimentados con papilla marca diablo, por la misma mano que escribe los encabezados, consolida a nuestros artistas y da poder a nuestros dirigentes.
Después del 11 de septiembre, la definición de terrorismo es más clara para todos los americanos (continentales). Las imágenes fueron impresionantes, estaremos de acuerdo con que no se ha visto nada más exquisito en cuestión gráfica en ninguna película de acción de Hollywood, muy por encima de que la destrucción de Washington por naves extraterrestres o la partición de un meteorito con bomba termonuclear. Pero ¿qué significa ser terrorista? ¿Es acaso dar tu vida por aterrorizar a los demás? —extendiéndose su cobertura lexica para denominar auto-ahorcamientos en Guantanamo— o más bien eso sólo nos habla de la calidad humana, de qué es lo que están dispuestos a dar ciertos grupos por un ideal.
Me gusta creer que los soldados americanos, que en promedio serán jóvenes de familia hijos y padres a la vez, son capaces de dar su vida, no de ponerla en juego, sino darla, de la misma forma que estos jóvenes medio orientales la dan por un ideal. La respuesta creo que es concreta: “no”. Nunca se dará el caso que un joven estadounidense se amarre un número de bombas en su cinturón para matar a rebeldes musulmanes. Resulta impensable. A menos que sea el triunfo final, nunca ocurriría eso, tendría que ser un acto tan sublime en la privación de su vida como Bruce Willis en la película de Armaggedon, donde todos lloramos porque el hombre alcohólico de edad adulta da su vida por salvar el planeta.
Esos son los actos comparables de valentía con que se miden sus ideales. Las personas de medio oriente son más sencillas en sus expectativas, no es el acto la culminación, sino la continuidad de su causa, su causa es derrocar al invasor y si para matar a dos soldados estadounidenses con chalecos antibalas, M16 y un Hummer H1 con metralleta de calibre 50 es requerido que el joven recién graduado de la universidad, próximo a casarse y con prometida en puerta se amarre 5 kilos de explosivo casero a su pecho… Su lógica le dirá que 1-2=-1, Es un buen score, medio orientales uno, gringos cero...
Cuál es la diferencia… El miedo, ellos temen sólo al invasor, seguramente si tuviesen campanas terroristas en sus televisores otra cosa sería. Todo el pueblo le besaría los pies a los soldados, porque el miedo sería algo familiar. Pero como dijo Shakespeare, los miedosos prueban la muerte muchas veces, los valientes sólo una.
Para aclarar las cosas, yo me cuento entre aquellos valientes que aspiran a tener un poder adquisitivo mayor a tres cifras porcentuales arriba del promedio y manejar un V12 probando la muerte una y otra vez, sonriéndole y dándole la espalda cuando se me pegue en gana, coqueteando con ella incansablemente al menos a una mitad de la intensidad hasta ahora ejercida, provocando crisis nerviosas en legiones de Ángeles guardianes destinados a mi bienestar. Usufructuando polvo estelar ancestral y reciclando aluminio por el bien de toda “MI” humanidad.
Para aclarar las cosas, yo me cuento entre aquellos valientes que aspiran a tener un poder adquisitivo mayor a tres cifras porcentuales arriba del promedio y manejar un V12 probando la muerte una y otra vez, sonriéndole y dándole la espalda cuando se me pegue en gana, coqueteando con ella incansablemente al menos a una mitad de la intensidad hasta ahora ejercida, provocando crisis nerviosas en legiones de Ángeles guardianes destinados a mi bienestar. Usufructuando polvo estelar ancestral y reciclando aluminio por el bien de toda “MI” humanidad.